
Por CAV
El 10 de septiembre sacrificó a sangre fría a perrita Rucia en las dependencias de su clínica veterinaria El Rodeo (sucursal San Carlos de Apoquindo).
El 10 de septiembre sacrificó a sangre fría a perrita Rucia en las dependencias de su clínica veterinaria El Rodeo (sucursal San Carlos de Apoquindo).
Ese día, los funcionarios policiales que se comunicaron telefónicamente con el responsable del local, que era el mismo Maureira, les indicó en ese momento que él había practicado la eutanasia a Rucia por considerarla una perra vaga que se había metido a su local.
En horas de la mañana de hoy, en el IV Juzgado de Garantía de Santiago, fueron tomadas las declaraciones de las responsables de la canina Rucia, Natalia Aguirre e Hiromi Délano y de testigos que estuvieron presentes aquel día en la clínica El Rodeo. La querella por maltrato animal en contra del veterinario Andrés Rodrigo Maureira von Bischoffhausen, se acoge al artículo 291 bis del Código Penal que dispone que “el que cometiere actos de maltrato o crueldad con animales, será castigado con la pena de presidio menor en su grado mínimo y multa de uno a diez ingresos mínimos mensuales, o solo a esta última”.
El abogado defensor de la causa, Eduardo Harcha, expresó que -en la historia de la perrita Rucia nos encontramos frente al típico caso de maltrato animal, porque fue arrastrada a un recinto pasando a llevar el resguardo de quien la protegía y cuidaba, para luego recibir de manos de un facultativo llamado a velar por la salud de los animales, una fuerte sobredosis de un agente sedante, que actuando como un veneno mortal, le quitó la vida. Dicho acto es ejecutado con absoluta impiedad, por cuanto no existía necesidad alguna, fuere de carácter sanitario o humanitario, para poner fin a la vida del animal. Rucia se encontraba con sus vacunas al día, en perfecto estado de salud, y jamás agredió, ni siquiera intimidó, a algún humano. Es por lo anterior que el actuar impulsivo, frío, irracional e impío del veterinario se encuadra perfectamente en la conducta cruel de maltrato que exige la tipificación, ya que dada su profesión, estaba perfectamente consciente del daño que causaba-.
Referido a la legislación chilena, que clasifica a los animales como muebles “semovientes”, no diferenciándolos más que por su capacidad de desplazarse a sí mismos de las cosas inanimadas, como las sillas y las piedras. Harcha señaló que -esta mentalidad obsoleta y errónea lleva a que muchas personas tiendan a considerar al resto de los seres vivos como meras cosas transables comercialmente, que en la medida que pierden o no tienen un valor económico son fácilmente descartables. Si como sociedad toleramos situaciones como la descrita en esta querella, dejándolas sin sanción, estamos dando pié para que aquellos que con indolencia o crueldad ejecuten sus actos solo movidos por sus intereses o impulsos tengan campo libre para continuar haciéndolo. Quien maltrata a un animal está dando una clara muestra de que su impiedad es su forma de relacionarse, incluso con sus semejantes-, puntualizó.
El abogado defensor de la causa, Eduardo Harcha, expresó que -en la historia de la perrita Rucia nos encontramos frente al típico caso de maltrato animal, porque fue arrastrada a un recinto pasando a llevar el resguardo de quien la protegía y cuidaba, para luego recibir de manos de un facultativo llamado a velar por la salud de los animales, una fuerte sobredosis de un agente sedante, que actuando como un veneno mortal, le quitó la vida. Dicho acto es ejecutado con absoluta impiedad, por cuanto no existía necesidad alguna, fuere de carácter sanitario o humanitario, para poner fin a la vida del animal. Rucia se encontraba con sus vacunas al día, en perfecto estado de salud, y jamás agredió, ni siquiera intimidó, a algún humano. Es por lo anterior que el actuar impulsivo, frío, irracional e impío del veterinario se encuadra perfectamente en la conducta cruel de maltrato que exige la tipificación, ya que dada su profesión, estaba perfectamente consciente del daño que causaba-.
Referido a la legislación chilena, que clasifica a los animales como muebles “semovientes”, no diferenciándolos más que por su capacidad de desplazarse a sí mismos de las cosas inanimadas, como las sillas y las piedras. Harcha señaló que -esta mentalidad obsoleta y errónea lleva a que muchas personas tiendan a considerar al resto de los seres vivos como meras cosas transables comercialmente, que en la medida que pierden o no tienen un valor económico son fácilmente descartables. Si como sociedad toleramos situaciones como la descrita en esta querella, dejándolas sin sanción, estamos dando pié para que aquellos que con indolencia o crueldad ejecuten sus actos solo movidos por sus intereses o impulsos tengan campo libre para continuar haciéndolo. Quien maltrata a un animal está dando una clara muestra de que su impiedad es su forma de relacionarse, incluso con sus semejantes-, puntualizó.
Por su parte, Natalia Aguirre, señaló que este es el comienzo de un largo camino y que lucharán hasta el final para que se haga justicia. “No podemos permitir que este veterinario siga ejerciendo su profesión así tranquilamente y más encima que sea docente de un post grado impartido en la carrera de medicina veterinaria en la universidad de Chile. No nos vamos a quedar tranquilas. Maureira no va a quedar impune porque le arrebató cruelmente la vida a un ser inocente e inofensivo”, sentenció.
copiado del link:http://prensanimalista.wordpress.com/2009/10/08/interpuesta-querella-por-maltrato-animal-en-contra-del-veterinario-andres-maureira/
Si ya adoptaste a tu mejor amigo, mándanos fotos, cuéntanos tu experiencia y sé parte de los amigos de "de la calle a un hogar"